DISCURSO DEL RECTOR
Muy estimados alumnos y alumnas que hoy egresan de la educación media de nuestro colegio de Humanidades de Villarrica.
Es un honor para mí dirigir a ustedes en esta ceremonia solemne estas palabras que representan el cariño y la emoción de todos y cada uno de quienes día a día han puesto todo de sí mismos mediante su trabajo, su esfuerzo, y su vida para ayudarles a lograr este importante paso en sus vidas y que hoy materializan.
No esta demás decir que compartimos con sus padres y familiares el orgullo de verlos aquí listos para recibir su merecida licencia de Educación Media que, estamos ciertos, se han ganado con empeño, con dedicación, a veces también con dolor, y en ocasiones quizás a contrapelo enfrentando las dificultades de cada día.
Es un buen momento para contemplar, en el trasfondo de esos innumerables recuerdos de lo vivido en el colegio, que circundan en este minuto en sus conciencias, aquello que han sido tantas vivencias y que se pueden decir con pocas palabras, ¿quién eres ahora?, y vislumbrar con el alma hacia el futuro y hacia la eternidad ¿quién quieres ser?.
La respuesta a esta profunda pregunta de aquí en adelante te corresponde enteramente a ti, porque comenzarás a disponer cada día con más propiedad de tu libertad. Así es, te esperan decisiones importantes; te esperan tareas importantes, te esperan grandes desafíos, como también te esperan obstáculos, dificultades que no podemos evitar que enfrentes, pero esperamos que, con lo que has aprendido junto a nosotros, puedas sobrepasar con fortaleza, con valentía, con esperanza, con caridad, especialmente con fe, con la profunda convicción de que un hijo de Dios nunca está solo, esté donde esté, que es querido y amado con un amor filial por el Padre, que une a todas las almas en torno a Él en una sola familia.
Hay dos sentimientos que son fácilmente identificables cuando llegan estos momentos en la vida como los que tu estas comenzando a vivir hoy, el temor y la esperanza. Quisiera decirte que es humano tener un poco de miedo, sin embargo, si tienes claro dónde quieres ir y lo que tienes que hacer para lograrlo, el miedo se desvanece y solo queda la esperanza que vamos a llegar a puerto final. Aún resuenan esas palabras de Juan Pablo II en el alma de quienes lo escucharon: "No tengáis miedo" "Miradlo a El" y apuntaba a la imagen de Jesús. Y así es, Cristo es nuestro modelo, y nosotros somos sus discípulos y si vamos por la senda del maestro siempre iremos por camino seguro.
Un Santo de nuestros tiempos escribió esta consideración:
Que tu vida no sea una vida estéril. -Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor.